Segundo trimestre del cole, exámenes, tensiones, agobios, notas por todas partes, apuntes sin completar, alguien que te pide un cuaderno,profesores que no dudan en enviar deberes interminables, en fin, vida de colegio.
Esta vez, los esfuerzos han sido en vano. A veces, no todo lo que nos proponemos se logra, de hecho, esas veces casi siempre salen mal. Entonces nos preguntamos, ¿qué ha pasado? ¿Qué hemos hecho mal? Y nos adentramos en una búsqueda plagada de por qués, de intrigas, de decepciones. Buscamos una causa, una razón, una pista, un principio, un indicio, un ente que nos lleve a las respuestas. Pero la respuesta está, seguramente, en ese sitio donde hemos decidido no mirar, porque muchas veces no queremos reconocer que nos hemos equivocado, no queremos marcarnos como el ente, el principio, la razón, la causa, la pista que ha dado paso al fracaso. Y sí, somos nosotros mismos. Sin buscar más, ni analizar más, ni profundizar más.
No siempre ganamos, tenemos que perder también. Me costaba aceptar que me había despistado, que la culpa de las notas era solo mía, y es que era ilógico culpar a alguien más, porque no existe "alguien más". En la confianza está el peligro, solía decirme mi abuela, y tenía razón. Pero aún sigo sin encontrar la causa de mi confianza, de aquella seguridad que me condujo rotundamente al fracaso, al descenso de mis notas. Factores externos tengo muchos, pero internos, por más que intente buscar sólo encuentro unos pocos, y no me convencen del todo.
Pero todo tiene solución, todo puede mejorarse. Yo ya tengo mi plan, ahora, ¿funcionará?
