Y mientras la lluvia caía me regalaste el suspiro profundo que escondía tu corazón. Me diste tu verbo y tu horizonte, escribiste en mi alma un sentimiento que se oculta tras tu inmensa armadura. Te descubriste por un instante, lo vi en tus ojos, lo sentí en tu piel, y en ese instante ya no fuimos ni tú ni yo, fuimos nosotros. Y a la luz del fuego tenue dibujaste una silueta de hierro y la forjaste en mera máscara, era el escondite del que sufre en silencio y la guarida de los que aman y callan.
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La lluvia de la calle no ensució tu rostro, ni humedeció tu pelo. Me dijiste, con miedo, mucho miedo: "Me importas, no sabes cuánto me importas."


