viernes, 12 de noviembre de 2010

12 de octubre: Adiós al amor.

Era doce de octubre, una tarde gris y otoñal, con amenazas de tormentas. La señal del final había proyectado una sombra en mi cabeza desde hacía varios días, pero me negaba a creerlo, me negaba a aceptar que eso pudiera sucederme, tan deprisa, cuando el amor aún, no había comenzado a crecer. Y ya estaba condenado a morir. La ventana del chat estaba abierta, esperando por ese inquilino aundaz que sabía como calar mi piel y despertar mi fuego, la ilusión, el deseo. Y llegó tarde, arrastrando consigo esa aurea oscura, turbia, decadente y tan sentenciada y aguda que fui capaz de notarla en sus palabras. Tuve miedo. Me asusté, grité, me maldije mil veces mientras intentaba buscar una razón. Pero no habían razones. No había errores. O yo no fui capaz de verlos a tiempo. Para qué parafrasear lo que un corazón dice cuando lo hieren, cuando derrumban cada una de sus paredes cada uno de los recuerdos se aferra al vacío con manos, pies y dientes. Rompen el silencio articulando palabras que se quedan suspendidas en la nada. Toda ilusión muere entonces. Pero muere también todo tu ser. Te transformas en un fenix, al que le ha llegado, insospechadamente, la hora de morir. Ardes en el fuego de una pasión exigua. Te consumes con las últimas miradas, con el último aliento y con ese último beso que nunca llegará a tocar tu boca. Te mueres, y eres entonces cenizas. El pasado inmediato de esa persona, pero un día también serás el pasado del pasado. Y lo niegas. Mejor el sueño, ¿verdad? Sí, porque todavía estamos juntos caminando de la mano, todavía sostengo tu mirada añil ante mis ojos, todavía beso tus besos, todavía soy tuya en cada evocación al deseo latente de nuestros cuerpos. Pero te pierdo, así como te perdí aquella tarde. Te alejas, así como te alejaste aquel día.  Y me despierto en la noche oscura y fría, con el corazón engañado, cabizbajo y desesperado.

Si amas a alguien, déjalo libre; si regresa a ti, es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue. 

1 comentario:

  1. Pero la vida continua, y siempre hay una razón para mantener el fuego encendido...aunque a veces amenace con apagarse.

    ResponderEliminar