miércoles, 9 de marzo de 2011

Luz

Cuando se tiene un sueño, una esperanza, una ilusión, una luz, hay que perseguirla con todo esmero. Hay que enfrentarse a todo lo que nos de la espalda, a todo obstáculo que se interponga. Cuando se quiere algo, y ese fin necesita de nuestro esfuerzo físico y mental, hay que lucharlo, hay que sudar y dar de nosotros lo mejor, sacar de nuestro espíritu todas las fuerzas y deseos, para poder hacer realidad eso que otros llaman sueño, ilusión, fantasía, utopía...

Yo tengo eso, yo poseo un deseo, una fuerza, una esperanza, una ilusión, y quiero hacerla realidad, quiero que se cumpla, quiero que esa fantasía, deje de serlo para que se convierta en mi realidad.

"El que persevera triunfa", solía decirme mi abuela, y no hay nada más cierto. Día a día, pasito a pasito, piedra a piedra, hora tras hora,  se construye el puente que une el punto de partida y el de llegada. El trabajo diario hace al bailarín, la dedicación, el esfuerzo, el sudor son indispensables para su formación. Pero no hay nada más bello que la recompensa de bailar en un escenario y ver que tu trabajo, que tus horas de sacrificio, son devueltas en forma de aplausos, en una ovación de un público que se ha quedado deleitado con tu papel técnico y teatral.

Es cierto que es una vida dura, difícil. complicada, llena de metas, retos, competitividad. Pero, si es lo que se siente en el alma, si el lo que se disfruta cuando se hace, si es lo que te hace sentir realizada, ¿por qué no dedicarse a ello? El bailarín no encuentra excusas que sean capaces de amainar la pasión por la danza, porque ésta es tal que le imprime la fuerza necesaria para que sepa enfrentarse con vivacidad a las adversidades. Cuando la pasión del alma, te pide a gritos bailar, dale el paso y la técnica, el corazón hará el resto. 

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