Y me siento a pensar cómo cambia la vida. Y percibes que el tiempo pasa porque día tras día te miras al espejo, te preguntas si ésa que ves eres realmente tú, y te examinas cada detalle de tu cuerpo, y te preguntas cuánto tiempo llevará en tu piel ese nuevo lunar. Y recurres a viejas fotografías, y es ahí, en ese instante, cuando un sinfín de emociones te abruman, te turban, te quiebran. Fantasmas que sonríen señalando una cámara que no se ve, una niña pequeña con ojos llorones mira cabizbaja y tímidamente al frente y, se queda entonces, como fugaz muestra versátil del tiempo, ese recuerdo que te hace llorar. Apareces después de la mano de tus padres, ¿primer día de cole? Es igual, hay muchas como esa.
Recuerdos donde faltan dientes, sobran sonrisas, regalan lágrimas; recuerdos que figuran en papel, que dibujan escenas, que te acogen y se impregnan de ti. Me he mirado al espejo otra vez, pero todo está igual. En cambio, el espejo del alma me muestra imágenes que escondo en oscuro porque no quiero alimentarles de luz.

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