lunes, 5 de marzo de 2012

Mariposa

Si tuviera toda la vida para decirte cuánto te quiero, no bastarían los segundos que ha vivido cada ser vivo en este planeta desde el principio de los tiempos. Pero eso tú ya lo sabes. Si me guardo las palabras y te alejo de mí, no te fies de lo que digo, fíate de lo que grito sin voz, porque lo hago para que solamente tú lo oigas. Si pudiera la vida grabarse como una película, mantendría nuestra primera noche cada segundo en mi retícula, y en cada final empezaría otra vez. Si hubieras entendido los gritos que desgarraban mis manos la última noche cada vez que me tocabas, si hubieras sido capaz de leer por lo bajo el destello de mis ojos, ¡si hubieras leído bien lo que decía el silencio de mi sonrisa! ¿Que te quiero? Sí, lo afirmo, lo aseguro, lo confirmo, lo doy por cometido, es un hecho, una realidad, una manera de vivir. Pero, ¿qué más me da quererte? No te daría mi vida, te daría todo lo que de ella nace, surge, brota, muere, renace, revive, se pierde, se encuentra. Te daría mi nombre, mis sueños, mis canciones, mis ilusiones, mis despeinados momentos junto al mar. Te daría mis lunes, mis martes, y mis miércoles, los jueves llenos de mariposas, los viernes de azahar, te daría mis fines de semana, mis segundos olvidados, mis recuerdos encontrados en un sueño que no entiendo. Te daría hasta mis genes si un día los necesitases. Mis huesos, mi piel, te daría mi alma, la vela de aroma incógnito, el beso que te robé una noche, el abrazo que me diste al irte, te daría mi yo, mi subconsciente, mi consciente, mi intelecto, mi talento, mis inquietudes y, ¡hasta te daría mis vicisitudes! Y es que no hay nada en mí que no haya estado antes en ti.

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